EL DIABÉTICO Y SU ENTORNO
El diabético y su entorno
La base de la sociedad es la familia. Dentro de ella las personas crecen y se desarrollan. Cada una es un sistema, dónde cada integrante se relaciona e influye sobre los demás.
Por eso, lo que afecta a cada miembro, por transitividad, afecta a todos.
En ese sentido, el diabético en la familia implica una serie de cambios, de preguntas, de dudas y de roles para cada quien, dependiendo de la propia dinámica que ella tenga.
De alguna manera, el sostén y apoyo de la familia es de suma importancia y varía de acuerdo al tipo de familia y al nivel de madurez de cada uno de los miembros.
En el caso de los niños y los adolescentes, las responsabilidades deberían compartirse entre los miembros de la familia educando a los niños y adolescentes de manera que ellos puedan hacerse cargo de su propio cuidado, sin sentir presión y de forma de poder recibir apoyo y ayuda de los demás. Deberían practicar con su familia formas de trabajar en conjunto. Por ejemplo, en el caso de niños o niñas no tan pequeños, ellos se pueden aplicar su dosis de insulina, mientras un mayor supervisa o le recuerda controlarse la glucemia, dejando que él mismo se haga cargo de la actividad; a un adolescente, que ya debería tomar más responsabilidades, los padres pueden recordarle sus consultas con su médico diabetólogo o con su nutricionista, o que se haga los análisis. Muchas veces esto mismo lo requiere un adulto de su esposo, esposa o hijos, hasta tanto pueda asumir estas responsabilidades por sí mismo, al asumir a su vez su enfermedad.
Es importante establecer que la responsabilidad recae sobre la persona que vive con la enfermedad.
Desde el mismo momento del diagnóstico toda la familia debe educarse. Aprender sobre la enfermedad, sobre su tratamiento, sobre las cosas que se deben hacer o no.
Al involucrarse y estar informados sobre el tema, conociendo los cuidados, las limitaciones, pero también las posibilidades, pueden dar un verdadero apoyo al paciente, y al mismo tiempo entender y edificar una relación sana.
Tanto el comportamiento familiar en relación a la diabetes como los aspectos generales del funcionamiento de la familia, influyen sobre el grado y la manera en que el paciente sigue su tratamiento y controla sus niveles de glucemia.
La idea es brindarle apoyo y sostén pero siempre con el objetivo de que sea el paciente mismo quien asuma su situación y cuidado.
La diabetes, habitualmente, genera una serie de sentimientos esperables en los miembros de la familia: angustia, culpa, la vivencia de pérdida de un estilo de vida "normal", miedos ...
Cuando aparece una enfermedad en la familia, no afecta solo a un miembro, sino a toda ella. Todos deberán aceptar la nueva situación y adaptarse para una buena convivencia.
La culpa es un sentimiento muy común en los padres con respecto a la diabetes de su hijo, sobre todo en el momento del diagnóstico.
Además, en muchos casos, se teme que la vida no vuelva a ser "normal" debido a los cambios que es necesario incorporar a los hábitos diarios.
Es importante saber que, luego de un período de adaptación, que llevará más o menos tiempo de acuerdo a las posibilidades y recursos de cada grupo familiar, estos cambios se asimilarán y cada familia encontrará un "nuevo" estilo de vida.
Un miedo que naturalmente aparece es a las complicaciones futuras. Para estas familias es importante que conozcan que todos sus esfuerzos en ayudar al paciente a mantener su glucemia lo más estable posible es el camino para prevenir futuras complicaciones. Además, sabemos que los médicos pueden detectar los signos de alguna incipiente complicación y tratarla tempranamente.
Lo importante es poder hablar de ellos, hacerlos circular, que cada miembro de la familia pueda decir cómo se siente a partir de esta nueva circunstancia, cómo cree que lo afecta la diabetes de su hijo, de su hermano, de su padre, de su madre, de su pareja. De esta manera, cada uno podrá ir "digiriendo" la situación que, en general, aparece de modo abrupto y exige incorporar muchos cambios inmediatos y "para siempre". Esta aceptación va a colaborar notablemente en la del propio paciente.
Por lo tanto, es de resaltar que la actitud con la que el grupo, la familia, enfrente la nueva condición va a influir directamente en la manera en que el paciente vaya aceptando su enfermedad y asumiendo las responsabilidades de su propio cuidado.
